sábado, 11 de mayo de 2013

Los cuatro ejes principales


  • Omnipotencia - Finitud 
  • Generosidad - Narcisismo 
  • Materialismo - Desprendimiento
  • Placer - Sacrificio



El polo Omnipotencia - Finitud, surge cuando el psicoterapeuta siente insconscientemente un deseo de ser omnipotente, pero se encuentra con un creyente que pone a Dios como la fuente de toda potencia. Su reacción puede llevarlo a luchar contra ese poder trascendente mediante la eliminación de la religiosidad en el paciente. Este deseo de quebrar las "defensas" religiosas, mediante interpretaciones reduccionistas o superficiales se hace aún más intensa, si el paciente religioso ha hecho "Voto de obediencia" y forma parte de una congregación religiosa. 




El polo de la Generosidad - Narcisismo puede surgir ante la actitud altruista o generosa del paciente 
-supuestamente- opuesta a la meta de auto-realización o auto-estima que el psicoterapeuta puede considerar esencial en los objetivos y metas de la psicoterapia. Como sabemos, estos conceptos están muy arraigados en ciertas teorías psicoterapéuticas y -fácilmente- se recubren de "cientificidad", teniéndolos como referencia para valorar con ellos los logros o fracasos que alcancen de los pacientes. 







El polo de Materialismo - Desprendimiento puede experimentarse como contratransferencia por parte del psicólogo  ante la presencia de un paciente que invoca su creencia religiosa como fundamento de su actitud de desprendimiento ante las cosas materiales y económicas. También podría darse en el caso contrario: cuando un paciente se dice religioso pero muestra un apego absoluto al dinero y a lo material. Ante ambos tipos de pacientes, el psicoterapeuta podría experimentar sentimientos negativos y menospreciativos de su vivencia religiosa; esta dinámica contratrasnferencial podría verse acentuada aún más, en caso de que el paciente haya hecho "Voto de pobreza" en una congregación religiosa.  



El último eje contratransferencial es el de Placer - Sacrificio. Aquí entra de lleno la vivencia que tiene, tanto el paciente creyente como su psicoterapeuta, con respecto al papel del placer, el bienestar y el sexo en la vida y el psiquismo humano. Cuanto más dificultad haya tenido un psicoterapeuta para integrar su sexualidad en una relación integralmente satisfactoria, más  tendera a focalizar la felicidad y la autorrealización en torno a la actividad placentera por sí misma. Este problema se hace mucho más sensible aún, cuando la persona religiosa ha hecho, el "voto de celibato". 




Teniendo en cuanta lo anterior creemos que el objetivo de la terapia de los pacientes que presentan temática y problemática religiosa debe consistir en separar los conflictos interiores que se expresan a través de un sistema defensivo con características religiosas, de lo que es la verdadera experiencia religiosa. Sin atacar la religión del paciente, el terapeuta puede trabajar con los componentes patológicos  ayudándolo a que re-encuentre los valores religiosos no neuróticos del grupo al que pertenece.  
Parece ineludible que el psicoterapeuta analice profundamente su contratransferencia ante los diversos temas que sólo están aludidos aquí. Los reiterados estudios que muestran el cambio de los pacientes en el sentido de asumir los valores de su terapeuta personal, son suficientemente serios como para ver el grave riesgo de manipulación y sugestión que pude tener un terapeuta con valores religiosos distintos a los del paciente o con una actitud de abierta oposición a ellos. Creemos que el psicólogo que considere que no puede controla su contra-transferencia, debe derivar al paciente a otro profesional que lo pueda hacer. En este caso nos parece que la abierta comunicación de cuales son sus valores religiosos o morales -aunque pueda ayudar- no es suficiente como para evitar el proceso de sugestión que, preferentemente, se da en el plano de lo afectivo y no de lo racional. 

La reflexión sistemática sobre la interrelación entre psicoterapia y religión es relativamente nueva. Y aunque se escribe mucho sobre ello, son relativamente escasos los trabajos que analicen explíctamente la forma de enfrentar la temática religiosa de los pacientes. Y más escasos aún los que traten de la ética de la psicoterapia con pacientes creyentes. Creemos que hay mucho que avanzar en esta discusión con el fin de eliminar, lo más posible, el riesgo de manipulación que encierra. Creemos que lo que hemos hecho en este apartado es apenas apuntar algunos de los dilemas éticos que aparecen con este tipo de pacientes. 

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